No ha sido del todo un reencuentro fortuíto.
Confieso que he puesto de mi parte. Había muchas posibilidades de que estuviese allí y allí fui. El azar hizo el resto. Sin duda ayer estaba de mi parte, la feria abarcaba una gran extensión y había un gentío importante, así que yo creo que sin él, sin el azar, nunca hubiésemos coincidido.
Es cierto que yo le buscaba entre la multitud, no quería que por un despiste nos rozásemos sin vernos. Y le vi, yo primero. Como digo llevaba ventaja, pues en realidad, mientras acompañaba a mi padre de puesto en puesto, yo le buscaba. Le llamé, creo que se sorprendió gratamente. Sonreímos, hablamos, nos miramos. Buscaba en su rostro vestigios del tiempo pasado. Buscaba recuerdos y gestos conocidos. Los recuerdos se agolpaban. En todo momento manejó la situación, me puso al corriente de sus venturas. Escuchándole confirmé lo que siempre supe, es una gran persona. Y con toda naturalidad me invitó a un café. No pudo ser, el café. Quedó pendiente para otro día. Espero no haber turbado su paz interior.
Esto que estamos viviendo, llámese vida, llámese sueño, es un capricho. Quince años sin casi vernos ni hablarnos y ayer parecía que no había pasado ni un día. No sé cómo tomármelo.
lunes, 20 de abril de 2009
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